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El tiempo

4º Accesit del II Premio de Relatos

- ¿Algún plan para hoy?
- Sí, me voy a pasear en un rato por la playa de Regla. Vamos a intentar llegar hasta Las Tres Piedras. ¿Por qué no te vienes?
- No, Manolita, yo estoy en Madrid, ¿cómo me voy a ir a pasear con vosotros hoy?... Y Eladio, ¿dónde está?
- El se ha adelantado y ya está paseando, la bajamar está cerca. No te puedes ni imaginar el día que hace, ¡qué luz! Y dices que estás en Madrid, ¿haciendo qué?
- Un momento, ¿cómo que él ya está paseando? Pero ¿dónde estáis?
- Eso no te lo puedo decir, porque no lo se. Y no me atrevo a preguntárselo a nadie, porque me hacen creer que ya me lo han dicho y que se me ha olvidado. Mejor no pregunto.
- Vamos a ver Manola: si vas a ir a pasear y Eladio te está esperando en la playa, supongo que estaréis en Chipiona, ¿no?
- Ah, si. Debemos estar en Chipiona.
- ¿En casa de quién?
- ¡Pues de quién va a ser! De papá, claro. No me has contado aún qué haces en Madrid, Javier.
- Yo vivo aquí, hermanita. Desde hace cuarenta y dos años.
- Qué tonterías dices, ¡por Dios! ¡Cuarenta y dos años! ¿A qué viene eso?
- Recuerdas que papá murió, ¿verdad?
- ¿Cómo va a haber muerto papá, si no llevo ni he llevado luto? ¿Qué broma es esta? ¿Te vas a poner igual que Eladio, tú también? Mira, dejadme en paz, ¿eh?
- Entonces Eladio te ha contado que Miguel ha muerto esta mañana, ¿verdad?
- Sí, Javier. Y no es que no lo crea, pero como me dicen que ha muerto tanta gente que sé que no ha muerto, pues no me afecta. Esta mañana, antes de decidir ir a la playa, le pedí a Eladio que me llevara a Pérez Galdós a ver a papá. Me dijo que la casa se había vendido. Y nada tenía que decirme a la pregunta de dónde vivía papá entonces. Porque, desde luego, aquí en Chipiona no está.
- Manolita, te estoy llamando a tu casa de Jerez.
- Eso podría explicar que Eladio me dijera que Pérez Galdós se ha vendido, papá debe estar en Chipiona entonces.
- La casa de Chipiona se derribo hace años.
- ¡Eso si que no! ¡No me vas a decir que no te acuerdas de la regata que ganamos con el barco de Perico! El barco estaba en el patio de Villa Mar.
- Pero si en esa regata no habías cumplido 13 años, Manola.
- La verdad es que sí somos más jóvenes que los otros regatistas, si… Antes de que se me olvide: ¿qué tal Reinita? ¿Y los nietos?
- Mira, hermana. Tienes que hacer un esfuerzo y ejercitar tu memoria. Es la única forma. No puedes decirme tan tranquila que en la regata que ganamos este verano éramos unos niños y a continuación preguntarme por mi mujer y mis nietos sin titubear.
- Me dais todos miedo. No entiendo vuestra lógica, parece sacada directamente de una secta. Allá vosotros. Voy a colgar. Adiós, Javier.
- Adiós hermana.

Manola seguía feliz en su extraña amnesia. Sintiéndose otra vez mezquino por no poder alegrarse, Javier fue a visitarla a la mañana siguiente en Sevilla, antes del entierro de su hermano Miguel y la súplica le brotó de la mirada angustiada mientras su voz torpe preguntaba cómo se podía recordar todo y nada al mismo tiempo. Con esa su nueva sonrisa cándida, ella le miró en silencio durante una eternidad. Su mirada inocente y despreocupada se volvió, sin cambios apreciables, introspectivamente observadora. Una mueca de horrible pavor ocupó de pronto toda su expresión.

- No hay ni antes ni después, Javier. Todo sucede, todo ocurre. No, nada sucede, nada ocurre. Ahora da mucho miedo. Me enloquece -le miró - ¿Te acuerdas cuando intentabas explicarme lo del tiempo como dimensión y cómo se viviría sin él? Lo entendí .No se cuándo, pero lo entendí de verdad, sintiéndolo, como desde otro sitio, no se dónde. Y es maravilloso desde ese otro lado, pero para hablar contigo tengo que entrar en tu momento, es difícil encontrarte y cuando te encuentro me asfixian la memoria y las palabras. ¿Cómo superar el tiempo desde un mundo sometido a él? No me mires así: sólo es tu sueño.

Él fue incapaz de articular palabra y aceptó su mano tendida mientras Manola recuperaba el aire feliz y ausente después de dedicarle una expresión amorosa, cómplice, compasiva.

- Javier, tenemos que decirle a papá que derribaron Playamar tras su muerte y que debe arreglar el registro para que no la derriben.

Javier rió, y estuvo de acuerdo.

Nunca más pudo compartir el interés con el que el resto de sus hermanos recababa información sobre el Alzheimer que supuestamente sufría Manola. Le importaba poco si el diagnóstico era 'daño cognitivo moderado pre-Alzheimer', y se oponía al uso de anticolinesterásicos en su hermana querida, que le dijo que ha superado la cárcel del antes y del después.

En su desapacible vejez tan rodeada de muertes sentidas, ante el desamparo de su racionalismo a prueba de toda fe misteriosa, la superación de la dimensión temporal es también su esperanza. Lleva un mes de viaje interior, buscando el camino que condujo a Manola al estado en donde todo ocurre y nada ocurre, y donde la muerte no es más que otro elemento del todo. Sin tiempo.

 

Joshua Slocum

Sobre el Autor

Joshua Slocum es el seudónimo utilizado por Julio Mauricio Giménez Vázquez, para el II Premio de Relatos.

 

Sobre el Concurso

La AIIM convocó, el pasado 2003 convocado dos cursos, uno de Relatos cortos y otro de Poesía, extensivos a ingenieros industriales, con plazo hasta finales de mayo.

Actualmente, la AIIM está trabajando en la edición de todas las obras premiadas en el II Premio de Relatos y el II Premio de Poesías. Esperamos ponerla próximamente a disposición de nuestros Asociados.

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