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El hotel

6º Accesit del II Premio de Relatos

En un hotel cochambroso y ruin, se estaba registrando el guarda jurado Antonio Asensio. Asensio era un tipo alto, moreno, y de buena apariencia. Llevaba consigo un enorme maletín negro.

Había quedado en reunirse al día siguiente con un abogado judío. Le debía un montón de dinero por un servicio por el que él no se sentía satisfecho. Pero tenía que pagarle, pues había estampado su firma en un contrato que así lo decía. Pero él tenía otros planes.

Asensio era un tipo muy conservador, y muy xenófobo. Detestaba a la gente de color, a los inmigrantes, y a los judíos.

Ese era uno de los motivos por el que odiaba a su abogado. Pero su cara de desagrado cambió por una sonrisa al pensar en lo que le había reservado a su querido abogado al día siguiente.

En la habitación número 36 se hospedaba un tipo muy raro.

Se había registrado ese mismo día. Era de aspecto latino, de tez morena, bigote y perilla bien cuidados y con una pequeña cicatriz en la sien izquierda. Solamente llevaba de equipaje una bolsa de deporte.

Una vez en su habitación, comenzó a revisar el interior de dicha bolsa. Al terminar asintió, estaba todo lo que necesitaba para el trabajo que le habían encomendado para el día siguiente.

Desplegó una manta sobre la cama, y depositó las herramientas que emplearía: un rifle de francotirador de alta precisión, una mirilla telescópica, y demás artilugios desmontables que uniría mañana.

Se quitó la camisa y los zapatos, y se recostó sobre la cama. Mañana tendría un día muy duro.

Un hombre pequeño, de complexión fuerte y calvo observaba al inquilino de la habitación número 36 del hotel donde se hospedaba. Lo observaba desde una torre para turistas, con unos prismáticos.

Cuando vio a ese hombre sacar un arma de su bolsa se confirmaron sus sospechas.

Desde hacía un tiempo había sospechado que un cliente suyo, que al parecer no había quedado satisfecho con su trabajo, pensaba evitar pagarle quitándole a él de en medio.

Se había dado cuenta últimamente de que un coche negro con determinada matrícula le había seguido allá a donde fuera, como vigilándole.

Cuando fue a dar un paseo después de haberse registrado en un hotel casi en ruinas, había visto ese coche en la acera de enfrente. Directamente, salió disparado hasta el lugar donde ahora se encontraba, para observar al tipo que había salido del coche. Él pensaba que el tipo no se había percatado de su presencia. Estaba en lo cierto.

Después de haber confirmado sus dudas. El pequeño judío comenzó a idear un plan para evadirse del mortal destino que, en principio, le esperaba.

Cuando la noche cayó sobre la ciudad, una escurridiza figura se introdujo rápidamente en un hotel más bien poco cuidado.

Debido a la poca calidad del hotel, no había recepcionista a esas horas de la noche.

La figura se introdujo tras el mostrador de recepción y sacó el libro de registros. Encendió una lamparilla y leyó el nombre de las personas que se hospedaban esa noche. Leyó:

"Antonio Asensio. Habitación 43".

Al leer este nombre, la figura se sobresaltó. Sacó una pequeña libreta de un bolsillo y apuntó los datos que acababa de conocer. Siguió leyendo:

"Sebastián Vicario. Habitación 39".

A esta persona le prestó menos atención. Leyó el último registro:

"Rodrigo Díaz de la Cruz. Habitación 36".

Se apuntó este nombre también en la libreta.

La pequeña figura salió corriendo raudo hacia el ascensor del hotel. Pero cuando fue a pulsar el botón de llamada, observó que alguien salía, e inmediatamente se ocultó tras un sofá con la piel roída.

El tipo de la habitación 36 había oído ruidos en recepción. Bajó a inspeccionar. Cogió el ascensor y pulsó el botón del piso bajo.

Cuando llegó abajo, creyó ver una figura escabulléndose con una velocidad felina.

Se acercó a un sofá con la piel roída, y de repente, alguien salió de detrás de ese sofá, golpeando al hombre de la habitación 36, dejándolo inconsciente.

La furtiva figura subió hasta la habitación 36. Estaba arrepentido de haber golpeado a aquel hombre en el vestíbulo, pero había tenido que hacerlo.

Encontró la puerta de la habitación abierta. Entró y registró desde el primer cajón hasta el último bolsillo de la ropa. Al final encontró algo.

Era un papel, en el que decía, "Debes disparar al tipo del traje azul marino. No al del traje grisáceo".

La figura comprendió. Sacó la libreta donde había apuntado a dos de los registrados y, tras consultarla, se dirigió a la habitación 43.

El hombre de la habitación 36 volvió en si, y se fue corriendo hacia su habitación. Vio que estaba la puerta abierta, tal y como él la había dejado, de forma un tanto descuidada. Lo vio todo igual, sin nada fuera de lo normal.

Pensó que él que le había agredido había sido un ratero de poca monta, que habría entrado para robar algo.

La figura entró en la habitación 43 con un traje azul marino, que había sacado de la habitación número 39. Entró con la precaución de no despertar al inquilino de la habitación que estaba allanando. Dejó el traje azul en el armario, sacó uno gris de dicho armario, y se fue a la habitación 39.

A la mañana siguiente, hacía muchísimo frío. Antonio Asensio se puso el único traje que se había llevado, sin percatarse de un detalle. Cuando vio el frío que hacía, se abrigó con la gabardina con la que vino el día anterior. Cogió el maletín negro repleto de dinero, y se fue al lugar donde había quedado con su odiado abogado judío.

El hombre de la habitación 36 llegó con su coche a un restaurante muy conocido. Aparcó en la acera opuesta, y subió a la azotea del edificio frente al que había aparcado. Una vez arriba, sacó de su bolsa el arma y los demás aparatos.

Una vez los hubo ajustado todos, miró su reloj, y se sentó a esperar. Restaba media hora para la hora en la que debía consumar su trabajo.

El pequeño judío acudió al restaurante en el que se había citado con Antonio Asensio. Había quedado con él para que éste le diera lo que le había cobrado por representarle en un juicio que, desafortunadamente, perdió.

Entró en el restaurante, y vio que su cliente estaba ya sentado en una mesa al lado de una ventana, que daba con el edificio que estaba enfrente. Llegó a la mesa y saludó a Asensio.

- Hola, señor Asensio - mientras decía esto, se quitó su abrigo de felpa.

Al verle el traje que llevaba puesto, Asensio se horrorizó.

El hombre que se había apostado en la azote del edificio que estaba enfrente del restaurante tan conocido, se volvió a mirar el reloj. Ya era la hora.

Cogió el rifle de francotirador, y apuntó hacia la ventana que le habían dicho. Allí estaban, el hombre del traje azul y el del traje gris. Su objetivo era el del traje azul.

Cuando le apuntó, vio como miraba hacia su posición con mirada aterrorizada.

Ignoró el hecho y apretó el gatillo.

Asensio vio al asesino en la azotea, e intentó hacerle señas para que no disparara. Pero el asesino no conocía a su cliente, y sólo sabía que tenía que disparar al hombre del traje azul. Pero la supuesta víctima vestía un traje gris, el que se iba a poner él.

Asensio recibió un disparo en la cabeza, y murió al instante.

El judío cogió el maletín lleno de dinero y se fue.

- Nunca intentes engañar a un abogado judío.

Asensio ya había entendido el porqué.

El asesino de la habitación fue detenido gracias a una llamada anónima. El policía que había atendido la llamada sólo supo que el soplón era un abogado judío.

 

Juan de la Salle

Sobre el Autor

Juan de la Salle es el seudónimo utilizado por Antonio Vallés Arquero, para el II Premio de Relatos.
Antonio, Ingeniero Industrial especialidado en Electricidad - rama de Electrónica. Tiene 50 años, y lleva 25 años en el Sector de la Seguridad Contra Incendios, trabajando en diversas Empresas. Actualmente y durante los últimos 10 años, desarrolló su trabajo en Pefipresa , como Gerente de la Delegación de Madrid.
Con otros Conocimientos en Informática, Física , Idiomas, etc. tiene entre sus aficiones la literatura en general, hacer deporte ( tenis, frontón, etc. ) y actividades diversas.

 

Sobre el Concurso

La AIIM convocó, el pasado 2003 convocado dos cursos, uno de Relatos cortos y otro de Poesía, extensivos a ingenieros industriales, con plazo hasta finales de mayo.

Actualmente, la AIIM está trabajando en la edición de todas las obras premiadas en el II Premio de Relatos y el II Premio de Poesías. Esperamos ponerla próximamente a disposición de nuestros Asociados.

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